15 de agosto de 2010

コンビニ


コンビニ

conbini



Habían bajado por enésima vez al conbini en busca de provisiones altamente calóricas para saciar el ansia nocturna de dulce innata en Rayco. Pockys, anpan, chocolatinas y mierdas varias llenaban la bolsa de plástico que Jam cargaba en su mano izquierda y que balanceaba levemente al caminar junto a Ray. Recorrían una estrecha callejuela desierta, con ese encanto nocturno del que siempre se llena la ciudad a más de las tres de la madrugada. La sensación de intimidad, de que estaban completamente solos en el camino a casa.

Jamie echó una mirada rápida en todas direcciones, aún así, para cerciorarse de éste hecho. Y luego, miró la mano de Ray, que se mecía levemente mientras andaba, al lado de su cuerpo. Bueno…no tenía por qué pasar nada si no les veían, ¿verdad?

Lentamente, fue acercando su mano a la de su novio y la sujetó con suavidad, la suficiente para que Rayco pudiera desprenderse de ella si se sentía incómodo o lo consideraba oportuno. Como esperaba, sintió el respingo leve de éste al sentir el contacto de su mano.

Ray miró a un lado y a otro. Y adelante y detrás. Y entonces, pareció relajarse, apretando un poco la mano de Jamie con sus dedos. Avanzaron así un buen rato.

De hecho, así de repente, estar por la calle, caminando de la mano con Jamie a Rayco no le pareció raro ni extraño. Ni siquiera tenso. ¿Era eso algo bueno?

Pero la magia del momento fue interrumpida por el sonido de vida humana acercándose por alguna calle cerca de allí. Los dos sí soltaron ahora sus manos como si hubiera saltado un resorte, algo tensos. Y, como preveían, de detrás de una de las esquinas que cruzaban en perpendicular vieron aparecer nada más ni nada menos que a Zoet, que caminaba también en dirección a la residencia.

Éste, que los había visto nada más volver la esquina, saludó efusivamente a su hermano y le dedicó un escueto “hola” a Jamie. Luego procedió a caminar con ellos todo el camino que quedaba, hablando con Rayco de cosas que en su mayor parte Jamie no sabía lo que significaban.

Pero no le importaba, se limitó a mirar al frente disfrutando del paisaje nocturno y de reojo a la pareja de hermanos de vez en cuando. Una de las veces que había mirado a Zoet, le pareció que éste le estaba observando de forma extraña. Parpadeó un momento, pero éste volvía a mirar a su hermano, con una sonrisa en la cara e interesadísimo por lo que estaban hablando.

“Qué tontería…han sido cosas mías”. Eso pensó Jam.

Y una vez llegaron a la residencia, se despidieron de Zoet dándole las buenas noches y se marcharon hacia la habitación de Rayco.

Zoet los observó marcharse juntos por un momento. Hubiera jurado que cuando se habían topado con él de frente estaban algo tensos. Siguió su camino hacia su habitación, dándole vueltas al tema aún.

“Lo sé” Pensó. “Y en algún momento os voy a pillar”.

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